Nuestro día a día en la moto. Diana y Javier

Sudores fríos en Azrou


 

Entre Chefchauen y Merzouga pasamos la noche en el Hotel Azrou. No sabemos dónde lo leímos, pero lo recomendaban con entusiasmo, así que allí fuimos. Eso sí, puede que lo recomendasen hace varios años.

Que un hotel esté sucio es algo que te esperas. Que tenga la ventana del baño en el armario de la habitación, es algo que te encuentras. Junto a eso, la ducha tenía una gruesa capa de mierda, pero aún así en un primer momento nos pareció aceptable.

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Diana encajando la ventana

 

Por la noche fuimos a pasear por la ciudad. Cenamos acompañados por el cocinero de un tajín de cordero. Preguntamos dónde podíamos tomar una cerveza, y nos dijo que el único sitio con alcohol era el Hotel Azrou, justo donde dormíamos. Y de vuelta al hotel lo comprendimos al instante, el ambiente era diferente.

A los pocos minutos de subir a la habitación, llamaron a la puerta. Abrí y un tío de unos 50 años completamente borracho me miró sin decir nada. Retorció el cuello hasta asomar la cabeza por la habitación, y se fue dando tumbos. Raro, pero sin mayor problema. En cambio dos horas después el hotel estaba hasta arriba de gente borracha por los pasillos. Desde la terraza de la habitación se veía otra masa de gente entre los coches y nuestra moto. Sonaron algunas alarmas, unos cuantos gritos, voces de mujeres en las habitaciones… ¿Estábamos en un puticlub sin saberlo? No pasa nada, siempre puede empeorar la cosa. Llegó el momento diarrea. No voy a dar detalles escatológicos, pero el baño fue un lugar de peregrinaje entre las 3 y las 5 de la madrugada.

Bombilla

La luna de Azrou, la bombilla de la habitación

Por la mañana todo era distinto. La luz, el silencio, la gente. Teníamos la moto preparada con todo, y Diana iba a subir cuando de repente soltó un “¡veo puntitos, veo puntitos!”. Esto le ha pasado alguna vez cuando le da una bajada de tensión, y lo siguiente debería ser caer al suelo. Por suerte se sentó sin mayor consecuencia. Tenía una deshidratación brutal y el calor no ayudaba. Pero sabíamos que con suero y una noche de descanso, se solucionaba. Y así fue.

Un viaje guarda este tipo de situaciones. Aunque hay que decir que en Marruecos gana por goleada el sentimiento de seguridad en cualquier sitio. Puede que le demos otra oportunidad a Azrou, e incluso al Hotel Azrou si lo reforman.

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