Nuestro día a día en la moto. Diana y Javier

Estambul, sentimientos contradictorios


 

Estambul es el primer lugar que me ha generado sentimientos opuestos. Por un lado me ha encantado la ciudad con sus monumentos, su caos, etc. Y por otro lado nada más llegar me apeteció hacer las maletas e irme lo más lejos posible. Os explico el porqué de cada sentimiento.

Cuando llegamos a un país, necesito un proceso de adaptación (poco a poco me va costando menos). Son unos días para poder observar a la gente y sus costumbres, e ir adaptándonos a ellas. Bulgaria había sido un lugar donde nos habían tratado muy bien y donde tampoco hay una masificación de turistas. Por eso estábamos acostumbrados a visitas tranquilas y sin los clásicos timos de este tipo de zonas.

Vistas desde la azotea del primer hostal situado en pleno centro de Estambul

Vistas desde la azotea del primer hostal situado en pleno centro de Estambul

Nada más llegar a Turquía paramos en Estambul en plena zona turística. Así que nos tocó una llegada triunfal con esos característicos timos (que por desgracia ya hemos tenido varios en Turquía) de os doy el precio de la habitación, no por persona. Y después, cuando ya hemos desmontado todo de la moto (montar las cosas en la moto nos lleva media hora mínimo) os digo que es por persona. Y cuando nos enfadamos y pedimos que nos explique qué ha pasado, viene un “no entiendo inglés”. Así que así comenzó nuestra estancia de 5 días en Estambul.

Pasamos dos días en la zona europea  y tres en la asiática. En la parte europea estábamos en una pensión en pleno centro de la zona turística. Los primeros días estuvimos haciendo recados, revisión de la moto y arreglar uno de los portátiles. Lo cierto es que para estar tan bien ubicados no lo aprovechamos nada por el día. Por la noche fue otra cosa, pudimos cenar en pleno parque con unos kebabs y disfrutar del ambiente que tiene esta ciudad. Familias haciendo picnics en cada espacio de césped, niños corriendo, perros durmiendo en medio de las aceras y gatos observándonos mientras comíamos los kebabs. Nos sentíamos totalmente mimetizados en el entorno.

Desde la parte asiática, el atardecer fue impresionante

Desde la parte asiática, el atardecer fue impresionante.

Atardecer estambul

Fue una vez aquí cuando nos dio por visitar la ciudad y para eso tuvimos que coger un ferry que nos llevase donde habíamos pasado ¡los dos día anteriores!. Pero no me arrepiento de nada porque fue muy bonito cruzar el Bósforo tanto de ida como de vuelta viendo el atardecer. En ese día de visita volvió a surgirnos ese sentimiento de amor-odio hacia Estambul. Nos encantó la ciudad, es preciosa con sus mezquitas y el bazar (lo que más me gusto). Pero en un día nos intentaron timar más de cuatro veces, en algunos casos tan descarados como en el Mc Donalds con el precio delante, o que un revisor del ferry se intentase quedar con dinero, así que salimos un poco agotados de pelearnos por todo.

casa sertacEl último día que pasamos en la ciudad hizo que la balanza fuera a favor de Estambul. Conocimos a Sertac, una persona genial y que nos ha tratado muy bien. Le conocimos por medio de unos amigos y pasamos la noche con él y su novia. Nos invitaron a cenar y nos hablaron sobre el ramadán, que justo nos ha coincidido en el mes que pasamos en Turquía. Al día siguiente nos llevo a un taller a 30 km de su casa para ver un par de cosas que faltaban por revisar de la moto y a hasta los últimos días en Turquía nos ha estado echando una mano para hablar con gente de los neumáticos. No nos cansaremos de darle las gracias, ¡¡muchas gracias Sertac!!

En el taller con Sertac

En el taller donde nos llevo Sertac a 30 km de su casa

En conclusión Estambul nos ha gustado, es una ciudad muy bonita, de las más bonitas que he visto. En ciertas zonas hay que ir con la mentalidad de que somos los turistas pero uno se acostumbra y al final hasta te sale la sonrisilla cuando el timo es muy obvio ;)

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